Incendios forestales: creencias y prejuicios frente a la realidad
Francisco Dans del Valle
Ingeniero de Montes, exdirector de la Asociación Forestal de Galicia
Reproducción del artículo que, bajo el mismo título, se publicó en junio de 2014 en el número 57 de la revista O monte.
El verano de 2013 fue especialmente duro para algunos montes vecinales miembros de la AFG. El caso más relevante fue el del monte vecinal en mano común de Santa Mariña do Rosal, un monte de 1 500 ha que produce madera de pino de alta calidad, está bien gestionado por la Comunidad de Montes y emplea a más de quince personas.
En la noche del 23 de agosto de 2013, este monte fue devastado por un incendio mal controlado que afectó más de 800 ha y que se inició a 5 km fuera de los límites del monte vecinal.
La catástrofe del monte vecinal de O Rosal fue el detonante para que la Junta de Gobierno de la AFG decidiera elaborar un informe para recoger la opinión de los propietarios forestales y exigir las mejoras que consideramos que se deben introducir para controlar los incendios forestales en Galicia.
En este artículo se recoge un resumen del apartado de este informe dedicado a analizar la importancia de la participación ciudadana en la prevención de los incendios forestales.
El Informe sobre la situación de los incendios forestales en Galiciaque acaba de editar la AFG diagnostica el problema desde la perspectiva de los propietarios forestales gallegos. Los silvicultores gallegos quieren iniciar un debate abierto que pueda conducir a la formulación de una política de Estado, compartida por los principales agentes del sector y las instituciones implicadas, y apoyada por la sociedad gallega.
En el informe se formulan propuestas de mejora encaminadas a reducir el riesgo de incendios forestales y hacer más eficientes los recursos dedicados a su control.
Los resultados básicos de los últimos 25 años
Los datos históricos ponen de manifiesto que la superficie forestal anual quemada de monte ha mostrado una tendencia decreciente desde 1995, en consonancia con el aumento del gasto en medios de extinción. Al mismo tiempo, la eficacia de los servicios de extinción ha mejorado significativamente, como lo indica el promedio de superficie quemada por incendios forestales, que se encuentra entre los más bajos del territorio nacional.
La cara negativa la ofrece el número de incendios que, pese al cambio de tendencia en 2007, sigue siendo muy elevado, siempre por encima de los 4 000 incendios al año, y también el número de incendios catastróficos (aquellos que afectan a superficies superiores a 25 ha) que aumenta de forma alarmante.
Participación ciudadana en la prevención de incendios
Numerosos expertos manifiestan su preocupación por la falta de valoración social del monte y sus recursos y coinciden en la necesidad de que la ciudadanía tome conciencia del problema para aumentar la eficacia de las medidas de prevención y conseguir el rechazo social hacia quienes provocan incendios.
En primer lugar, es necesario destacar la falta de información entre la población sobre las responsabilidades y competencias en la prevención y extinción de incendios. La profusión de cambios en las organizaciones, de competencias entre las Administraciones y la contratación por parte de diferentes entidades hacen que actualmente el colectivo de funcionarios dedicados a la extinción de incendios forestales sea opaco y que la opinión pública no valore ni reconozca la autoridad en esta materia.
Por otro lado, el análisis de las intervenciones de representantes políticos en los medios de comunicación y del tratamiento del problema en la mayoría de los medios pone de relieve la disparidad de criterios, la falta de consenso sobre políticas, la escasa presencia de profesionales que informen sobre los incendios o analicen las campañas y, especialmente, la reiteración de clichés en las intervenciones de ciudadanos y periodistas. El resultado es una comunicación que deja como huella en la opinión pública un sector forestal arcaico y poco profesional, sometido a constantes agresiones y en el que las autoridades competentes se ven atrapadas en una guerra interminable en la que han enterrado cuantiosos recursos públicos y dedicadas a la búsqueda infructuosa de unos supuestos conspiradores incendiarios.
Creencias y mitos sobre los incendios forestales
En esta línea, parece necesario mencionar y acotar los temas frecuentes para empezar a difundir información correcta que aclare la situación a la ciudadanía gallega.
Las conspiraciones, las tramas y los incendiarios. Revisando los fondos de las hemerotecas, se puede observar que, dependiendo de la época y de la instancia autora de la afirmación (partidos políticos, distintos gobiernos, analistas periodísticos, asociaciones civiles, etc.), se presentaban como responsables inequívocos de los incendios forestales, entre otros, los siguientes colectivos:
- Conspiradores que fletan aviones con artefactos incendiarios
- La industria de la madera.
- Compradores de madera, maderistas.
- Empresarios de la construcción.
- Tramas políticas de desestabilización.
- Agentes del servicio de extinción de incendios.
- Fabricantes de material y equipos contra incendios y empresas de alquiler de equipos de extinción aérea (economía del fuego).
Datos estadísticos de más de 25 años, las investigaciones policiales, las diversas comisiones de investigación del Parlamento y, de forma concluyente, los procedimientos judiciales desarrollados en los últimos años y los estudios de la Fiscalía Superior de Galicia, refutan todas estas teorías basadas en creencias y que han enmascarado durante años una realidad mucho más cercana y local. La evidencia centra el foco de la causalidad de los incendios en las costumbres arcaicas de zonas deprimidas, en la negligencia asociada al uso del fuego como herramienta de trabajo, en bolsas de ignorancia, en la ausencia de cultura forestal y, por supuesto, en los intereses locales de obtener beneficios con usos agrícolas o ganaderos directamente enfrentados al uso forestal del territorio.
Las especies pirófitas, los árboles buenos y malos. Existe una corriente de opinión que asocia sistemáticamente la proliferación de especies pirófitas: pinos y eucaliptos (las especies más abundantes en los montes gallegos) con la existencia de incendios forestales, estableciendo la distinción entre árboles buenos y malos. Sin embargo, la realidad es que:
- El término científico, pirófito, resulta confuso, ya que no significa que estas especies ardan mejor ni favorezcan el fuego. El pirofitismo indica la capacidad de ciertas especies vegetales para defenderse del fuego y regenerarse naturalmente en zonas de incidencia, como la zona de influencia mediterránea.
- En la zona norte de Galicia, donde se concentran las mayores superficies de eucalipto, los incendios son prácticamente inexistentes.
- Los territorios forestales gallegos más afectados en superficie por incendios son las grandes extensiones de matorral sin arbolado.
- Los pinos y eucaliptos sustentan actualmente toda la economía del sector forestal gallego, suministran la materia prima a la industria de la madera y dan empleo a más de 20 000 personas, especialmente en el medio rural.
- En España, en las zonas pinares más extensas del país situadas en los macizos montañosos de las provincias de Soria y Burgos, los incendios forestales son prácticamente inexistentes.
- En los países que nos rodean, dentro de los que tienen un clima de influencia mediterránea y son más afectados por los incendios, la región donde menos arden los bosques es Aquitania, en el suroeste de Francia, donde se encuentra la mayor extensión continua de Pinus pinaster. (pino del país), más de 1 millón de ha.
El minifundio. Los incendios forestales de mayor magnitud, con los mayores daños económicos y ambientales, y que se repiten sistemáticamente en las mismas regiones con cierta frecuencia, se producen en zonas dominadas por grandes masas forestales, con promedios superiores a las 200 ha por explotación. Se trata de montes vecinales ubicados en la provincia de Ourense, en el sur de Lugo, en el sur de Pontevedra y en el Barbanza de A Coruña. Por el contrario, las zonas forestales muy fragmentadas del norte y noroeste de Galicia, así como otras zonas muy productivas donde predomina la propiedad forestal privada, son las regiones con menor número de incendios, menores daños y donde las estadísticas ofrecen los datos de superficie quemada por incendio menores de toda Galicia.
El ciudadano urbanita, como muchos políticos gallegos, tiende a asociar el minifundio con el abandono, sin apreciar que la realidad es mucho más compleja y diversa.
Esta realidad presenta sus propias peculiaridades, como ocurre en las comarcas meridionales de Pontevedra u Ourense, donde se observa un minifundio extremo y condiciones climáticas muy adversas en verano, junto con una mayor densidad de espacios urbano-forestales. En el sur de Galicia, un número significativo de incendios forestales se originan en pequeñas parcelas forestales, frecuentemente abandonadas o con muy poco cuidado selvícola. Estas parcelas, la mayoría de las cuales están pobladas de pinos, no ofrecen ninguna rentabilidad, prueba de ello es el creciente desconocimiento de la ubicación y los límites de las parcelas por parte de los actuales propietarios.
Esta problemática, aún no abordada, merecería un tratamiento específico dado que no parece que los modelos actuales de sociedades de fomento forestal para la gestión forestal conjunta del monte hayan arraigado en estas zonas.
El abandono del monte. El mensaje que se repite sistemáticamente es que el bosque gallego está abandonado. La ciudadanía solo percibe el lado negativo de un espacio que ocupa casi 2 millones de hectáreas de nuestro territorio. Esta percepción no es más que una cara del bosque; la otra, siempre marginada, proporciona el 50 % de la madera producida en España, practica una silvicultura de alta calidad, da empleo a más de 20 000 personas y genera más de 200 millones de euros anuales, que constituyen los ingresos de más de 100 000 familias gallegas.
Limpiar el monte. Una afirmación recurrente que insiste en que la solución a los incendios forestales es la limpieza del bosque, dejando entrever que los propietarios forestales son responsables del problema debido a la falta de limpieza. Este mensaje es erróneo y está muy alejado de la realidad. En primer lugar, el término en sí mismo implica que no se limpia el bosque, sino que se desbroza, o que se controla la vegetación. En términos silvícolas, hablamos de control estratégico de la vegetación: un conjunto de operaciones silvícolas destinadas a reducir la carga de biomasa combustible y dividir el territorio con franjas desbrozadas. Por otro lado, la limpieza del monte (entendida como la eliminación del matorral) es económicamente inviable y, ecológicamente, muy perjudicial si se realiza de forma integral. La ciudadanía debe comprender que el bosque es un espacio naturalizado, donde el sotobosque y sus ciclos cumplen funciones muy importantes en los ecosistemas locales. Los propietarios forestales no son responsables del problema de los incendios por tener matorral en el bosque, sino sus víctimas.
El uso de biomasa con fines energéticos. Muy a menudo se relaciona el aprovechamiento energético del matorral con la solución de los incendios, cuando la realidad es que la biomasa forestal como fuente energética está constituida principalmente por la fracción leñosa de los árboles que no se aprovecha para su transformación en la industria maderera convencional.
El empleo de la biomasa forestal, se centra e la madera delgada y defectuosa de diferentes especies, en especial la de coníferas. Se trata de una actividad con todo su potencial por desarrollar que puede llegar a constituir una muy importante fuente de rentas para los propietarios forestales gallegos e por lo tanto, un motivo más para cuidar el monte, bajar el exagerado volumen de biomasa y reducir el riesgo de incendio forestal.
Los modelos forestales a imitar. En los medios de comunicación se maneja con frecuencia uno de los tópicos más errados, presentando como el gran paradigma y como modelos a imitar los sistemas forestales de Suecia, Finlandia o Canadá, territorios en los que el riesgo de incendios forestales es mínimo por lluvias de verano y sobre todo porque los suelos están más húmedos y fríos y la vegetación contiene más agua durante más tiempo con las mismas precipitaciones. También es necesario considerar la ausencia de población en las áreas boscosas e el tipo de propiedad, la mayor parte de ella pública o en manos de grandes corporaciones industriales.
El modelo de referencia debe buscarse en países o regiones similares a Galicia, como puede ser el sistema de prevención y extinción de incendios existente en los montes de las Landas, en la región de Aquitania en el suroeste de Francia. Esta área presenta unos resultados óptimos en los últimos decenios y tiene unas condiciones estacionales y de vegetación similares a Galicia y una tipología de la propiedad similar, en la que más del 92 % de la superficie forestal es privada.

