Herramientas para la gestión de montes abandonados. Las agrupaciones forestales de gestión conjunta.
Xosé Covelo Miguez
Ingeniero de Montes. Director de la Asociación Forestal de Galicia
Si parece haber un consenso entre todas las personas que escribieron y expresaron sus opiniones sobre la temporada de incendios forestales del verano de 2025, es que tenemos una necesidad urgente de gestionar el territorio para evitar que el fuego lo haga por nosotros.
La realidad rural de Galicia dista mucho de la que hemos idealizado, cuando el monte estaba perfectamente integrado en la economía rural, siendo esencial para la supervivencia de quienes vivían de la agricultura. Aquella época, que algunos autores evocan ahora desde una perspectiva urbana como idílica, quizá no sería percibida como tal por quienes experimentaron las duras condiciones de subsistencia del campo gallego en tiempos pretéritos.
Dejando a un lado las idealizaciones, ahora nos encontramos en una situación muy diferente, caracterizada a grandes trazos por:
- Un cambio en la economía rural que ocasionó el abandono de grandes extensiones forestales, especialmente en aquellas zonas donde la superficie media de las parcelas era más reducida, lo que hacía inviable su cultivo o desbroce según los criterios modernos de gestión. Estas zonas suelen estar ubicadas cerca de los núcleos de población.
- Unos asentamientos poblacionales caracterizados por su dispersión en el territorio, en algunos casos acercándose demasiado y, en otros, incluso adentrándose en el monte.
- Un abandono progresivo de los espacios agrícolas, fomentado por la despoblación de los núcleos rurales o por el envejecimiento de la escasa población que permanece en esos núcleos.
Ante el más que evidente cambio en el modo de vida de amplias zonas de la Galicia rural, parece lógico que la forma de gestionar el espacio agrario también cambie. Una parte de la población, ahora urbana, parece buscar la solución en regresar a un pasado que se evoca más romántico de lo que fue. La situación es la actual, no la de los siglos XVIII, XIX o principios del XX. La forma de abordarla debe hacerse con criterios actuales y adaptarse a la realidad que tenemos. No se va a desbrozar el tojo porque ya no es necesario para la cama de unas vacas que ya no viven en las cuadras, ni volverán a pastar al monte a menos que sea con un criterio empresarial o de economía rural moderna.
Por lo tanto, parece sensato buscar soluciones adaptadas a la realidad actual, no a la que nos gustaría que fuese. Estas soluciones de gestión deben adaptarse a un espacio abandonado, buscando mantenerlo en condiciones que minimicen el riesgo de catástrofes, y a poder ser, con un criterio de eficiencia que permita que algunos de ellos se conviertan en espacios de oportunidad. Gestionar el espacio desde una perspectiva de eficiencia, incluso si esto implica renunciar al romanticismo de que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Habría varios puntos a desarrollar sobre este tema, pero en este artículo sólo nos adentraremos en uno: cómo las agrupaciones forestales de gestión conjunta pueden convertirse en una herramienta muy útil para tal fin, siempre que se formulen de forma adecuada y en consonancia con la voluntad de las personas propietarias.
Nos enfrentamos a nuevos retos sociales y climáticos, y debemos hacerlo desde la realidad, aunque a veces no sea la que desearíamos. En principio, todo el mundo comprende y acepta los criterios empresariales en las actividades económicas, incluso en la artesanía. Este mismo criterio debería aplicarse a la gestión de los espacios rurales, su abandono y los riesgos que conlleva. Incluso si una ola de generosidad social y administrativa los inundara con fondos que les permitiera retomar la gestión artesanal, dicha ola tendría que perdurar en el tiempo, y es improbable que una racha de generosidad se prolongue tantos años como la actividad forestal necesita.
Las agrupaciones forestales de gestión conjunta (AFGC). Entre los instrumentos de movilidad de tierras disponibles en Galicia, las AFGC representan un marco muy adecuado para la gestión en común de espacios de minifundio forestal.
Según la Ley de Montes de Galicia, las AFGC son organizaciones que agrupan a personas propietarias o titulares de derechos de explotación de terrenos forestales y cuyo fin (entre otros) es promover la rentabilidad de la actividad silvícola. Las AFGC pueden ser de dos tipos:
- AFGC básica, que es aquella agrupación que comparte información, técnicas, experiencias, asesoramiento o representación; o bien que comercializa los aprovechamientos forestales con el objetivo, entre otros, de lograr una mayor eficacia en el desarrollo de estas actividades.
- AFGC con base territorial, que é a que nos ocupa neste caso, que ademais de poder desenvolver algunha das actividades das básicas, “fan unha xestión conxunta no plano territorial e temporal en terreos postos a disposición por persoas propietarias ou titulares de dereitos de aproveitamentos de terreos forestais, tomando decisións no manexo e xestión tendo en conta a contorna natural, económica e social no marco dun instrumento de ordenación ou xestión forestal”, segundo indica a Lei 7/2012, do 28 de xuño, de montes de Galicia.
Podrán solicitar el reconocimiento como agrupacioness de gestión conjunta:
- Asociaciones sin ánimo de lucro constituidas para prestar asistencia, apoyo y asesoramiento a las personas propietarias o titulares de derechos de aprovechamiento de terrenos en la planificación de la gestión agroforestal y en la gestión y comercialización conjunta de sus aprovechamientos, siempre que estén compuestas por personas titulares de los indicados derechos dentro de la Comunidad Autónoma de Galicia.
- Sociedades civiles y comunidades de bienes.
- Cooperativas y otras entidades de la economía social.
- Sociedades agrarias de transformación.
- Sociedades mercantiles reguladas en la legislación de sociedades de capital.
- Sociedades de fomento forestal, en el caso de agrupaciones forestales de gestión conjunta.
- Cualquier otra que tenga como objetivo la recuperación, de forma conjunta, de tierras agroforestales.
En total, una AFGC debe administrar un mínimo de 10 hectáreas de superficie, que puede estar en uno o más perímetros de gestión conjunta, que son aquellas áreas donde la AFGC puede acreditar una disposición de los derechos de uso por un porcentaje mayor al 70 % de la superficie de las tierras incluidas dentro de los límites del perímetro.
Ventajas de una agrupación AFGC con base territorial. El objetivo principal de una AFGC de base territorial es conseguir la gestión de una superficie de terreno, en muchos casos abandonado, que sería inviable gestionar individualmente desde un punto de vista técnico o económico, pudiendo así convertir una amenaza en una oportunidad.
Las personas titulares de terrenos que no estén de acuerdo en participar en la gestión conjunta de las tierras incluidas en un perímetro de gestión conjunta desarrollado por una AFGC están obligadas a gestionar dichas parcelas al mismo nivel de gestión que la AFGC. No tendría sentido que, si una parte significativa de las personas propietarias o gestoras de los montes de una determinada zona se ponen de acuerdo en desarrollar la gestión conjunta, quienes no quisieran participar tuviesen sus montes abandonados, perjudicando la gestión realizada por las más activas. Por ello, la normativa contempla que los montes que se encuentran dentro de un perímetro de gestión conjunta sin ser gestionados por sus propietarios, puedan ser declarados "en estado de abandono".
Voluntad de la propiedad. Para que se pueda crear una AFGC es fundamental que las personas propietarias del área donde se pretende desarrollar la iniciativa estén convencidas de los beneficios de ceder la gestión de sus montes a esa AFGC, ya que, si el proceso de agrupación implica tener que convencer a personas reticentes a la iniciativa, el proceso desgastará a sus promotores antes siquiera de que comience el objetivo principal (la gestión de un espacio que antes carecía de ella).
La creación de una agrupación forestal de gestión conjunta requiere, por lo tanto, una gran dosis de generosidad y confianza, especialmente por parte de las personas propietarias de los montes a agrupar, pero en general, de la sociedad vinculada al espacio agrario abandonado o en fase de abandono. En el proceso de agrupación, hay que tener la valentía de superar las posturas individualistas e inmovilistas y avanzar hacia el bien común que, en última instancia, nos beneficiará individualmente, como sucede con los procesos de concentración parcelaria.
Las personas propietarias de los terrenos donde se quiera poner en marcha una agrupación, salvo que la propuesta se base en premisas poco claras, deberían ser las primeras interesadas en participar en una iniciativa que se promueve precisamente para que puedan beneficiarse de ella, aunque el beneficio no sea económico. El mero hecho de que surja alguna iniciativa de respuesta al abandono debería contar, al menos, con la consideración de la propuesta por parte de la propiedad afectada.
Buena disposición de la Administración. El apoyo y las facilidades de la Administración para la constitución de estas figuras de gestión conjunta es también fundamental para su éxito. Dadas las dificultades para llegar a un acuerdo entre un grupo de personas para la gestión común de las propiedades agrarias, si no se cuenta con el apoyo, la comprensión y el impulso de una Administración proactiva y colaboradora, las probabilidades de éxito se reducen.
La Dirección General de Planificación y Ordenación Forestal ha impulsado la figura y muestra una firme voluntad de apoyar las AFGC que se creen. Para ello, ya se han cerrado dos convocatorias de ayudas para financiar su implementación y una tercera está en proceso.
Por otra parte, es necesario que el Catastro también se involucre aprovechando la oportunidad para reconocer y corregir el parcelario catastral de los perímetros de las agrupaciones de gestión conjunta, a partir de los estudios de propiedad que se deben realizar para su creación.
Ventajas fiscales de las AFGC. Además de los beneficios mencionados, las SOFOR tienen una deducción del 10 % en el Impuesto sobre Sociedades de todos los gastos realizados en el ejercicio para la mejora, protección y acceso al monte.
En el caso de las AFGC que sean asociaciones sin ánimo de lucro, pueden solicitar la declaración de “utilidad pública”, lo que también podría brindar beneficios fiscales.
Finalmente, las personas que quieran participar en el capital de una AFGC tienen una serie de ventajas que pueden resultar atractivas (si bien no es un requisito que la persona propietaria participe como socia para que la AFGC gestione sus montes):
- Las aportaciones de capital, siempre que se mantengan durante un mínimo de 5 años, tienen una deducción del 20 % en la parte autonómica del IRPF de la persona física.
- Los préstamos otorgados a las AFGC, siempre que el capital no se amortice en más de un 20 % cada año, también tienen una deducción del 20 % en la parte autonómica del IRPF de la persona física.
É importante ter en conta con respecto á participación dunha persoa propietaria no capital dunha AFXC que a normativa que regula as AFXC non establece como requisito que a persoa teña que participar como socia na AFXC para que esta xestione o seu monte, podería ser suficiente coa subscrición dun contrato de cesión da xestión entre as partes.
La experiencia de la AFG. Tras un intenso trabajo durante los últimos meses ayudando a crear varias agrupaciones forestales de gestión conjunta, las principales dificultades que encontramos a la hora de poner en marcha una AFGC fueron las siguientes:
- Dificultad para localizar a las personas adecuadas para ejercer como líderes locales con suficiente dinamismo para movilizar a la propiedad de la zona.
- Desconfianza en el proyecto propuesto por desconocimiento y falta de hábito de trabajar en grupo, no ver la necesidad de gestionar profesionalmente los montes y temor a perder la propiedad o no tener la posibilidad de acceder a ella o incluso no poder recoger leña para uso doméstico.
- Dificultad para localizar a las personas propietarias ausentes o desconocidas.
- Dificultad para identificar la propiedad de la tierra en casos de herencias con descendientes de varias generaciones.
- Dificultad inicial para identificar las parcelas del terreno sin haber realizado trabajos de desbroce o que faciliten el acceso a las parcelas para su identificación y localización por parte de las personas propietarias o descendientes.
- Documentación de la propiedad muy deficiente en numerosos casos: cuotas antiguas no relacionadas con el Catastro actual, herencias no aceptadas en varias generaciones, inscripciones catastrales a nombre de ascendientes y no actualizadas o a nombre de titulares erróneos, parcelas en propiedad indivisa de varias personas pero reconocidas solo por una de las herederas...
En resumen, las dificultades se derivan fundamentalmente del caos en el que se encuentra la propiedad, tanto desde el punto de vista legal como físico, y de la indiferencia de quienes desean involucrarse en un proceso que consideran muy difícil y que no valoran plenamente como el medio adecuado para poner orden en una situación caótica. Pero ahora es el momento y la oportunidad; o la aprovechamos, o el abandono se agravará aún más, aumentando el riesgo de incendios y pérdidas de propiedad por dejadez.

